1
Desde muy chicos, los hombres ya muestran inclinación por el juego militar. Compran ejércitos de esos soldaditos de plástico completamente verdes que –inmóviles, histriónicos– disparan fusiles y bayonetas en diferentes posiciones; lanzan granadas; se arrastran por el suelo como lagartijas; reciben el eventual impacto de un proyectil enemigo; algunos incluso fallecen, estáticos, petrificados, sin caer nunca al suelo.
Con esos soldados de mentira, los chicos arman una guerra de verdad: largos días y noches de batallas estruendosas, apocalípticas, que se desatan en la Vietnam del jardín. Son combates ruidosísimos, pero cuyos estallidos, bombas y estertores se oyen solamente en lo más profundo de la imaginación del infante.
Pasan los años y algunos de esos chicos –acaso por la nostalgia reprimida o por el deseo negado de seguir jugando– se enrolan al Ejército, esperando participar de una guerra en serio, casi siempre provocada por gobernantes sulfúricos que tal vez nunca tuvieron juguetes, ni infancia, ni entretenimiento, ni atención, ni amor, ni nada.
Llegado el momento de pelear, el soldado adulto se disfraza imitando el aspecto e indumentaria de los soldaditos verdes que manipuló de niño, y luego se aventura al monte o a la jungla, donde dispara armas que sí están cargadas, donde sus compañeros si no mueren sobreviven traumados, donde los estallidos ya no emergen de su imaginación, sino que perforan su oído y, a la larga, su memoria.
2
Cuando son chicos, los hombres también se enamoran de los autos. Los coleccionan por montones, les abren las puertecitas, la maletera y fingen que un piloto invisible pone a prueba sus falsos caballos de fuerza (de hecho, los ecos del motor –run, run, run– son mero acto gutural del propietario del juguete).
Los chicos guían sus carritos con mandos electrónicos y los hacen competir en pistas sinuosas, llenas de loops, obstáculos y curvas demenciales. Los pequeños vehículos se chocan, se estrellan, pero ningún chasis se hunde, ningún tripulante muere. Cuando son grandes, muchos de esos chicos se transforman en pilotos solo para conducir autos igualitos a los que coleccionaban décadas atrás. Entonces los corren con la misma pericia y temeridad que cuando eran niños. El tema es que ahora ellos están dentro de la cabina, son los choferes de ese juguete gigantesco, y las vueltas de campana no terminan debajo de la cama sin heridos, sino en medio de la carretera con muchos muertos.
3
A las chicas les ocurre otro tanto. Cuando son chiquitas les fascina jugar a la familia y a la casita feliz, donde se ve televisión, se almuerza, se sirve el té y se duerme temprano. Por lo general, esa casita diminuta tiene un techo a dos aguas, un timbre, unos mueblecitos, un hall y un segundo piso, en el que están dispuestas las habitaciones de los niños.
Lo curioso es que cuando algunas de esas niñas crecen –ya por engreídas, ya por románticas– insisten en seguir jugando a la casita, pero ya no desde el exterior, sino desde el interior. Quieren meterse a la casita, habitarla, decorarla. Quieren, desde luego, tener hijos para que duerman en las habitaciones del segundo piso, y un esposo bonachón que pague el mantenimiento.
Contra lo que el mito frívolo insinúa, las niñas que juegan mucho con la Barbie no buscan casarse con un Ken. Ese es un invento de la industria. Los que las mujeres Barbie quieren es casarse con un Oso de Peluche querendón y benefactor, al que luego, con el paso del tiempo, muy probablemente le pondrán los cuernos con un Ken: encarnado por un atlético profesor de Pilates, un ex novio que resurge del pasado, o un extranjero de abdominales marcados al que conocen en un viaje de trabajo que, luego de la primera noche, se convierte en uno de placer.
El Oso de Peluche cornudo difícilmente se enterará de la canallada de la Barbie. Es más, él, por su parte, quizá también se permita por ahí tener una aventurilla clandestina con alguna Chichobello, una Peloncita, una Bratz, una muñeca rusa, escocesa, o aunque sea con una muñeca de trapo. Al igual que la Barbie, el Oso mantendrá sus travesuras en reserva para no sabotear la armonía de la pacífica casita feliz.
4
Quien diga que los niños no juegan con muñecas, miente con descaro. Claro que juegan con ellas, o por lo menos las acosan con sus robots, sus dinosaurios, sus vaqueros.
Cuando tenía 7 u 8 años, recuerdo haber sometido a las muñequitas de boutique que mi hermana tenía en sus estantes –todas muy virginales, victorianas, con sus boquitas y uñas pintadas– a las perversiones sexuales de Skeletor: esa musculosa calavera azul que, cuando no combatía a He Man y a los Masters of the Universe, visitaba el cuarto de mi hermana, donde poseía a esas petulantes mujercitas de plástico, escabulléndose debajo de sus vestidos, toqueteándolas sin pausa. Puedo jurar que luego de las visitas lujuriosas de Skeletor, las muñecas –sin perder del todo la compostura ni la actitud– dejaban ver una pervertida sonrisita de placidez.
Yo mismo, a los cinco o seis, me inauguré en el salivoso arte del besuqueo con Patilarga, una muñeca de casi un metro de estatura que a mi hermana le regalaron por Navidad. Patilarga era rubia, flacucha, de pelo ensortijado y, como su nombre ya lo sugería, era dueña de un par de piernas de modelo anoréxica. Fue una morbosa curiosidad la que me llevó una noche a secuestrarla. La sustraje del cuarto de mi hermana, me encerré con ella en el closet y, bajo esas tinieblas calientes, apagué contra su insensible boca de pelusas el fuego de mi primera excitación. Fue francamente asqueroso. Casi como besar a una media.
Pero no solo los niños guardan silencioso interés por las muñecas. Hay adultos que también se solazan con ellas. A diferencia de las clásicas, esas muñecas no son de plástico, sino de látex y silicona. Tienen, además, al menos un orificio dilatable, y se inflan hasta adquirir las potables redondeces de un cuerpo natural. Los adultos que se frotan contra ellas quedan muy aliviados y satisfechos. ¿Sí o no, tío Manuel?
5
Las mujeres menores de diez años son expertas en muñecas y saben que hay Barbies para todos los gustos. Desde la más típica –esa brutita mononeuronal que camina en tacos, erguida, pintarrajeada y que cobró vida con Paris Hilton– hasta otras más alternativas: negras, lesbianas, regordetas, intelectuales, embarazadas. AQUÍ pueden ver una surtida muestra y elegir el modelo que les resulte menos antipático.
A los quince años las mujeres cambian repentinamente de juguetes. Reemplazan las muñecas con los hombres, y no solo disfrutan coleccionándolos, sino interfiriendo en su cerebro, haciendo que actúen a su completo antojo. Los hacen sonreír, los hacen llorar, los manipulan, los dejan entrar, los obligan a salir, los perturban.
Para las chicas, jugar con los hombres es mucho más divertido que jugar con las Barbies. Pudiendo evitarlo, por ejemplo, permiten que se amontonen a su alrededor uno, dos, tres y hasta cuatro estúpidos pretendientes que –bestializados por la inocencia o la arrechura– no dudan en hacerles incandescentes promesas de amor invencible. Ellas reciben los halagos de todos los aspirantes hasta que, un día, deciden quedarse solo con uno.
El juego es más entretenido en la medida que haya más chicos–juguete compitiendo. Una vez que se elige al ganador, será de vital importancia la presencia de un segundón. No se sabe muy bien por qué, pero en el esquema femenino hay lugar garantizado para ese sujeto relegado, que no ganó pero que sudó la camiseta.
Las mujeres valoran mucho a ese idiota que se queda pendiente, a la expectativa, a la zaga, como esperando el menor descuido del novio para contraatacar. En otras palabras, las chicas celebran que haya un juguete firme y otro de reemplazo; uno fijo y otro reservista; un plan A y un plan B; un jugador titular y otro que caliente la banca de suplentes de su ego podrido.
Las mujeres mayores de 20, por su lado, saben que hay otros juguetes, menos clásicos y ortodoxos, pero igual de interesantes. Si antes se consolaban apachurrando con sus brazos a su Teddy Bear, años después, en las noches más frías y solitarias, se consuelan apachurrando con sus piernas a un amigo electrónico que ingresará presuroso en sus honduras genitales y vibrará hasta laxarlas.
Las mujeres mayores de 40, finalmente, que no tienen chicos que las persigan y que no son sensibles al amor mecánico que un vibrador es capaz de ofrecer, encontrarán en el bisturí su nuevo juguete. Y así como hay juguetes que necesitan pilas, baterías, transformadores o enchufes trifásicos, el bisturí requerirá de un adaptador llamado cirujano plástico.
6
Los juguetes siempre han sido una debilidad para mí. Me pregunto si al manipularlos de niño para crear atmósferas, conflictos, tensiones, enemistades, romances, venganzas, no estaba, de algún modo, precipitándome a los bordes de la ficción literaria.
Recuerdo especialmente los muñecos de Playmobil. Pasaba horas inventando dilemas existenciales para complacer o torturar a los piratas, indios, astronautas, granjeros, policías, pequeños burgueses y demás individuos que venían en unas enormes cajas plastificadas. Jugaba hasta quedarme dormido y desparramado sobre la alfombra (“ya dejaste otra vez tirados los bichos esos”, refunfuñaba mi mamá a la mañana siguiente).
Quizá es por eso que escribo. Porque escribir es usar instrumentos de la realidad (juguetes=palabras) para crear con ellos una sociedad paralela, alternativa, donde tú dejas de ser un don nadie (un chico ninguneado, un hijo solitario, un desadaptado) y te conviertes en el mismísimo Dios, el creador, artífice y culpable de todo lo que en ese mundo ocurre o deja de ocurrir.
Cuando los juguetes ya no me resultaban útiles, los rompía sin miedo. Hoy no conservo ninguno de esa época. Todos los quebré, los regalé, los extravié. Mi abuela materna me reprochaba frecuentemente esa falta de cuidado. “Míralo a tu primo Javi, que tiene todos su juguetes ordenaditos en sus cajas”, me repetía la abuela. Yo no la tomaba muy en serio, porque Javi, valgan verdades, era un pavo de las pelotas, un ganso redomado, medio maricón, incapaz de comprender aquella verdad que asegura que todo juguete tiene derecho a romperse.
7
Ahora que estoy en capacidad de mantenerlos con vida, me he puesto a coleccionar juguetes con ese olfato obsesivo, maniático y amarrete que signa a todo coleccionista que se precie de serlo. Cuando digo ‘juguetes’ me refiero a muñecos –Action Figures– de personajes de las películas, series o dibujos que más me han gustado, desde El Vengador y Ultrasiete hasta El Padrino y Kill Bill, pasando por Batman, Snoopy, Bruce Lee y Caracortada.
¿Por qué los colecciono? Supongo que es porque mi hormona de niño, mi glándula de niño, está muy viva, muy presente, muy desarrollada. Tal vez ahora compro y cuido nuevos muñecos y carros y robots en nombre de los que rompí en el pasado, como una manera de resarcirme ante la comunidad de juguetes, que son seres presuntamente inanimados que, gracias a nuestra imaginación, se hacen pasajeramente humanos.
Crear personajes literarios es casi como coleccionar muñecos: crees que son tuyos, que te pertenecen, pero en el fondo estás a merced de ellos, y sabes que una noche pueden cobrar vida, buscarte y acabar contigo, con tu calma, con tu lucidez, como en ese capítulo de la serie Nightmares and Dreamscapes, de Stephen King, donde un hombre es atacado por los soldados y helicópteros de juguete.
8
En algún momento de sus vidas, a veces en la pubertad o en la adolescencia avanzada, las personas dejamos de jugar, de dibujar, de sentirnos libres, de decir lo que se nos antoja. Crecemos, queremos sentarnos en la mesa con los adultos y aprendemos lo peor de ellos: sus protocolos aburridos, sus diplomacias hipócritas, sus censuras. Lo terrible que es cada aprendizaje adquirido destruye una zona virgen, la ensucia, la pulveriza, la elimina.
Recuperamos fugazmente parte de lo que éramos cuando, aún siendo grandes, nos subimos a un columpio, un carrusel, un patín, un carro chocón, una montaña rusa; cuando disparamos una pistola de agua, una metralleta de dardos de esponja; cuando lanzamos un frisbee o soplamos una máquina de hacer burbujas; cuando tocamos otra vez, después de siglos, una tira de plastilina o nos dejamos seducir por un bloque de ladrillos de lego.
Los juguetes siempre están en nuestro alrededor. Les damos otra envoltura, otra denominación para no llamarlos así, para no parecer mongos, para que los demás no vayan a pensar –qué horror– que nos falta seriedad o esa palabrita que es más engañosa todavía: madurez. Lo cierto es que recurrimos a ellos de alguna u otra manera porque activan un mecanismo divertido, inocente que felizmente el entorno no ha podido desbaratar del todo.
Hace unos días, luego de ver la magnífica tercera parte de Toy Story, hice una pregunta entre mis contactos del Facebook que me gustaría reproducir aquí: ¿si pudieras elegir ser un juguete, cuál serías? Con fanfarrona humildad yo puse que a mí me gustaría ser el aburrido pero sonriente plomero de Playmobil.
9
Hay una juguetería en Estados Unidos muy conocida: Toys “R” US. Una traducción más o menos literal de ese nombre sería: “nosotros somos los juguetes”. En un sentido básico, eso quiere decir que los padres son tratados como juguetes por sus hijos, quienes los chantajean con rabietas, obligándolos a ir a la tienda para comprar lo que les han pedido.
En otro sentido –uno más pajero y místico, digamos– eso quiere decir quizá que los humanos no somos otra cosa que muñecos (no instrumentos, sino muñecos) de algún Dios antojadizo, engreído e inmaduro que nos trata como nosotros tratamos a nuestros juguetes: con amor, con odio, con indiferencia, con interés, no siempre con justicia.
Algunos –los desahuciados, los damnificados, los tullidos, los desvalidos– se sentirán como peluches gastados, pasados de moda, olvidados en un rincón del cuarto de juguetes de Dios. Otros –los artistas de cine, las estrellas de rock– bien podrían ser los juguetes mimados de Dios, los que Dios muestra con orgullo a sus invitados cuando estos caen en el cielo para tomarse unas copas (entre los invitados, por supuesto, está el Diablo, que a veces se roba algunos de los muñequitos de Dios cuando este se descuida).
10
No se pierdan Toy Story. No se hagan eso. Es tierna, divertida, dura lo suficiente. La gente inteligente sabrá pescar la idea de fondo que, para mi gusto, tiene que ver con la importancia de no tomarse la realidad en serio; de afrontar las fatalidades con cierto humor; de hacer las cosas difíciles como si fueran fáciles; y de rodearse de gente inspiradora, distinta, divertida, leal.
[Ilustraciones: Alfonso Vargas Saitua (el pollero Robotv)]
[Qué mejor tema para este post que el celebérrimo hit de Martika 'Toy Soldiers'. Agosto de 1989]
[Un saludo para la gente del Centro Comercial Arenales, en especial a los chicos de la Tienda Organa en el segundo piso, donde suelo caer para adquirir muñecos para mi colección]
[Desde ayer está en todos los Starbucks de la ciudad la última edición de LADO B, la revista gratuita del momento. Entre sus páginas encontrarán una humilde colaboración nuestra]
[La próxima semana estaré de viaje por San Francisco (EE.UU.), por fina cortesía de LAN PERÚ. Prometo escribir apenas regrese. Gracias por seguir la página, por recomendarla, por suscribirse a mi nuevo espacio en Facebook (pueden buscarla como PÁGINA DE RENATO CISNEROS), por escucharme en Oxígeno y RPP, por leer la novela. En fin, no podría estar más agradecido ni más contento. Hasta pronto. RC]





postea pronto
Y???
Cuando vuelves a escribir??? Ya van casi 3 semanas!
y a nosotros q nos importa san francisco,., posteaaaa
[RESPUESTA: Postearé una crónica sobre SF. Espero que te guste. Aunque veo que la actitud no ayuda mucho. RC]
Hola Renato,
luego volvía con ella o se quedaba con la Barbie cabaretera, según mi humor para la historia del día…
excelente el tema de Martika. No sabes como me gusta desde que era una niñita. Me encanta, hasta el dia de hoy. Es mas, quien diria que en mi vida, ese nombre tendria mucho que ver. Ja ja. Ironica risita.
Bueno, este post tiene mucha razón! fui una niñita”bARBIE” sin lugar a dudas. Y bien Barbie ah, jugué con ellas hasta bien entrados los 14 años, cuando ya jugaba sola, medio avergonzada, porque mis amigas ya no le entraban a eso y más bien ya no querían que les regalen barbies sino labiales, minifaldas, etc. Y también tienes razón en eso del osito querendón que las ninas barbie al crecer, buscamos. Totalmente de acuerdo. Uno de quien puedas depender afectivamente, alguien con quien puedas compartir económicamente y alguien que te deje ser, libremente a la hora que tus actividades de mujer lo requieran. Ejemplo, salir con las amigas a comer, ir al gimnasio, ir a comprar roopa interior y todo esto sin que te estén “marcando” cada 15 minutos. Perfecto, de más a menos como ves Ahora, tu que has hecho tan buen análisis de esto, dime que significaría que la niña barbie siempre puso en cada uno de los juegos, que el dichoso Ken, ya esposo, le sacaba siempre la vuelta a la pobre Babie
que hacer…elegir al pacífico osito querendón? o al Ken conquistador? a la espera de tus sugerencias
Me da terror ver Toy Story. Me dicen que es demasiado lacrimógena. Y la verdad, las dos anteriores son bien feeling también. Too much. Me hacen recordar no se por que, cuando en una mudanza me robaron dos de mis barbies, una rubia que era la Barbie novia y una pelirroja con el cabello hasta los tobillos. Se entregará recompensa a quien me las devuelva, para ponerlas junto a las que aún conservo en mi baúl de recuerdos felices…
Me encantan tus posts. Pasala lindo alla y que eso no haga que te demores tanto en postear chico!
Un beso
Hola Renato,
excelente el tema de Martika. No sabes como me gusta desde que era una niñita. Me encanta, hasta el dia de hoy. Es mas, quien diria que en mi vida, ese nombre tendria mucho que ver. Ja ja. Ironica risita.
Bueno, este post tiene mucha razón! fui una niñita”bARBIE” sin lugar a dudas. Y bien Barbie ah, jugué con ellas hasta bien entrados los 14 años, cuando ya jugaba sola, medio avergonzada, porque mis amigas ya no le entraban a eso y más bien ya no querían que les regalen barbies sino labiales, minifaldas, etc. Y también tienes razón en eso del osito querendón que las ninas barbie al crecer, buscamos. Totalmente de acuerdo. Uno de quien puedas depender afectivamente, alguien con quien puedas compartir económicamente y alguien que te deje ser, libremente a la hora que tus actividades de mujer lo requieran. Ejemplo, salir con las amigas a comer, ir al gimnasio, ir a comprar roopa interior y todo esto sin que te estén “marcando” cada 15 minutos. Perfecto, de más a menos como ves: (depender (+) compartir (=) desprender (-)!) Ahora, tu que has hecho tan buen análisis de esto, dime que significaría que la niña barbie siempre puso en cada uno de los juegos, que el dichoso Ken, ya esposo, le sacaba siempre la vuelta a la pobre Babie luego volvía con ella o se quedaba con la Barbie cabaretera, según mi humor para la historia del día…
que hacer…elegir al pacífico osito querendón? o al Ken conquistador? a la espera de tus sugerencias
Me da terror ver Toy Story. Me dicen que es demasiado lacrimógena. Y la verdad, las dos anteriores son bien feeling también. Too much. Me hacen recordar no se por que, cuando en una mudanza me robaron dos de mis barbies, una rubia que era la Barbie novia y una pelirroja con el cabello hasta los tobillos. Se entregará recompensa a quien me las devuelva, para ponerlas junto a las que aún conservo en mi baúl de recuerdos felices…
Me encantan tus posts. Pasala lindo alla y que eso no haga que te demores tanto en postear chico!
Un beso
Era un sábado en la tarde… por fin había terminado esa odiada semana de finales!! Salia de comprar unos encargos de mi mamá del Tottus de San Miguel, y el Starbucks me hacía ojitos.. hacía muchoo frío.
Terminé de endulzar mi capuccino y encontrè la revista LADO B.
Me senté con la idea de disfrutar mi café y acompañar el momento con la revista, pero, como me sucede con todo lo que escribes, terminé disfrutando tu artículo y acompañándolo con el café. Cuando empecé a leerlo, no pude parar hasta terminarlo. Como siempre, entretenidísimo. Terminé de leer, luego tomé mi café – que para entonces ya no era de mucha ayuda para contrarrestar el frío, pues de había enfriado – y regresé a mi casa, tranquila y animada…
Gracias y éxitos en todo!
[RESPUESTA: Gracias por eso, Ana Lucía. Un beso muy fuerte. RC]
REnato despues de uffff entro a tu pag, me puse al dia, ni en el colegio leia tantoo jajaja …..estan muy buenos los post , me cuentan que vienes a trujillo .. es verdad? cuando donde a que hora??? …. un saludo desde trux exitos. see you
[RESPUESTA: Hola, Víctor. Gracias por ponerte al día conmigo. O sea, con mis textos. ¿Se entendió no? Bueno, por ahora el viaje a Trujillo está en veremos. Te mando un fuerte abrazo. Te aviso apenas sepa para que calientes a la masa de seis gatos. RC]
RC…Vuelve a escribir, que tu sequía literaria en el cyberespacio me hace extrañarte…regresa pronto o actualiza desde donde estés!!!!!!!!
Un abrazo y éxitos en todo
Porfin ma€anaa es miercoles!!! Si pues aunque recien hace poco me entere de la existencia de tu pagina, y poco antes de lo que fue tu blog busco novia(curiosamente compre el libro porq me parecio un titulo muy curioso y cuando empece a leerlo no me despegue hasta terminarlo, luego se lo preste a otras amigaa y llegamos a la conclusion de q en verdad era muy interesante) con respecto a lo que lei de tu blog busco novia, concuerdo en varios puntos contigo como tambien difiero en otros pero igual muy bonito. Lo que pasa realmente Renato es que me entretienen bastante tus post relajan mi dia pero yaaa se estas haciendo extra€ar muchooo asi maaaal, solo espero leer uno realmente genial ma€ana. Cuidatee y sigue relajando el dia tan pesado que muchos tienen y sobre todo relajatee tu tb:) . Un beso
Me regalaron mi primera Barbie a los 13 años. Si lo se una vieja…
En fin, trate de darle en ese mes todo lo que no pude darle en mis años de juventud.
Le lave tanto el cabello que quedo calva.. chess
Mi enaorado tambien guarda sus soldaditos , me parecen super tiernosss los hombres que hasta guardan sus juguetes.. claro que ahora juegan con nosotras.. grr jaja besos, exitos en el viaje. Clau.
Nos importa que escribas y pronto.
Cuenta, raja o lo que quieras, pero comunicate con nosotros.
[RESPUESTA: Hey, Xaro, gracias. Mañana debo estar colgando el siguiente post. Un beso. RC]
Querido Renato,
me lei tu novela de corrido, como me recomendaste, en mi vuelo de regreso, gracias por acompaniarme en mi largo viaje de regreso a casa. Me encanto verte, gracias por darte el tiempo y firmar mi libro, que ahora pasara de mano en mano de mis amigas aca en Minnesota
Besos,
Isa
[RESPUESTA: Gracias a ti y tu mamá. Un beso grande. Y abrígate. Hasta pronto. RC]
Renatoo quiero leerte, espero que sea pronto y nos sigas deleitando con tus maravilosos relatos =)
saluditos
[RESPUESTA: Hoy de todas maneras. UN beso, Verónica. Gracias por escribir. RC]
Hola RC
Al fin vi Toy story y confieso q fue inevitable no tener esa sensación de nudo en la garganta y los ojos conteniendo lágrimas (es probable q x ser mujer soy +llorona) pero en verdad m dio tanta pena q en la noche, ya a punto d dormir m acordé del terrible y desolado final de mi barbie, mi gateadora y otros toys ade+ de aquellas personas, q como tú dices, utilicé como juguetes =( a finales pegué el ojo fácil a las 4am
Buena pela, me encantó!!!
Espero el prox post.
Beso
Renato!
Miss youuuuuu!!!!!!!!!!!!!
¡Ansidad! ¡Ansiedad! ¡ANSIEDAAAADDDDD!!!
jaja .. bueno ahora .. sigo siendo fiel a ti y a jeus .. cambio y cambio a cada rato pa escucharlos a las .. dos .. se turnan en mi corazon .. x q siempren estaran en mi corazon snif …
HOLA RENATO, CUANDO NOS DELEITAS CON UN NUEVO ESCRITO???? ESPERO SEA PRONTO. TE ESCUCHO POR LA MAÑANA EN TU PROGRAMA DE OXIGENO ME ENCANTAN TUS COMENTARIOS TAN ACERTIVOS, TAMBIEN TE ESCUCHO POR LAS NOCHES CON ARMANDO, QUE DIFERENCIA AL RENA DE LA MAÑANA, PERO IGUAL ME ENCANTA TU VERSATILIDAD.
UN FUERTE ABRAZO,
SUSANA
dime tu…..si aun sientes algo por mi o ya tienes solo ojos para otra?
Siempre t recuerdo renato
[RESPUESTA: Aún siento algo por ti...mamá]
dime tu….
Puchas…..ya entendi…..y ya ps…..NO sera la primera vez…SERE UNA BUENA PERDEDORA…..COMO LO DICE FRANCO DE VITTA!
gracias por la sinceridad…..y que todo te vaya bien.
feliz dia de la patria renatin!!!
;D
En realidad Renato, solo decirte que te sigo desde el blog del comercio, y encuentro regratificante y divertido, leerte, tus relatos me parecen agiles, ironicos y sarcasticos, pero sobre todo, que llegas a redactar de tal manera que lo que leo me es muy facil imaginarlo, y creo que ese es tu gran merito. Suerte mi brotherrr.-
[RESPUESTA: Gracias, Marco. Un abrazo. Si puedes, comparte la página. Hasta pronto. RC]
Hola Renato, me estoy poniendo al dia x) Yo seria la barbie Teresa (la morenita) porque es mi muñeca favorita. Cuando era pequeña la pedi para navidad y mi mama m la compro. La tuve hasta los 13 años luego se la regale a una niña. Me gusto mucho este post. Pregunta: tu lloraste al ver toy story 3? yo si, y todas las personas a las que les he preguntado han dicho q si. Un beso – Mayra
Hola Renato, realmente Toy Story 3 es lindísima. Cuando la vi la primera vez no entendía algunas cosas porque no había visto las anteriores, pero me emocionó mucho, sobretodo la parte final. La segunda vez que la vi ahi si fue llanto a pierna suelta jajajajaa.
Me gustó el post y veo que a ti, tanto como a Andy, los vaqueros resultaban ser sus héroes (si mal no recuerdo, en otro post mencionabas el halloween y tu disfraz de llanero solitario no??, donde aparecía tu amiguito disfrazado de Padre de la Patria jejeeje).
Bueno, ojalá escribas pronto y hasta otra oportunidad,:)
Renato, como veras voy dando vueltas por tu pagina, hoy estuve leyendo este post y me parecio muy ameno.
Yo no tuve muchas barbies cuando era chica porque eran caras, creo que tuve 2 y mas nada con las barbies. Ahora es diferente y mis sobrinas han tenido de todas clases pero como toda etapa ya las dejaron tambien.
Estoy convencida que cada etapa en la vida estan acompañadas de cosas o juguetes como les dices tu, con mayor o menos trascendencia pero que nos hacen recordar que llevamos a un niño escondido dentro.
Vi Toy Story 3 y me encanto, llore al final!
Que tengas buen fin de semana largo!
Cariños!
RC
muy interesante el post, lo de las barbies que buscan un osito querendon para agarrar de lorna: mientras calman las calenturas de faldas y entrepiernas con Ken, fue muy lapidario para el falso sexo debil, pero muy verdadero tambien, me considero uno de los tantos ositos de felpa que pululan por las calles de nuestra Lima alguna ves bella, actualmente casado con una barbie cocinera, no tengo quejas aun, disfruto de la anorexia de mi muñeca y me deleito con la ingenuidad de esta para ciertos temas.
si pudiera ser un juguete, me encantaria ser especificamente el asiento de una bicicleta de mujer, de esas en las cuales nuestras vecinitas de 15 años posaban sus virginales carnes, entanto los muchachos del barrio, agrandados fumavamos espiando tan bello manjar en nuestras tardes de juveniles veranos.