Desde muy chico me di cuenta de que el patriotismo exacerbado era un despropósito, un tipo de locura que puede provocar serias lesiones mentales en quien la padece. Lo supe, básicamente, por lo que ocurría con Alfredo Mendoza, uno de mis mejores y más queridos amigos del barrio de La Paz, en Miraflores. El papá de Alfredo era un ogro nacionalista, un hooligan del Perú, un lejano sobrino-nieto de Velasco Alvarado que creía que la patria estaba por encima del universo. Fanático, medio revoltoso, era más cacerista que el propio Cáceres. A su lado, todita la familia Humala Tasso quedaba igual de mansa y dócil que la familia Ingalls.
La frustración de no haber podido ingresar al Ejército –era miope, tenía pie plano y no llegaba al metro sesenta y seis–había convertido al señor Mendoza en un hombre profundamente enojado consigo mismo y, por extensión, con toda forma de vida que circulara a su alrededor. Su relación con el vecindario era indiferente. La mayoría lo tenía como un tipo huraño pero, mal que bien, tratable. Sin embargo, cuando llegaba el mes de julio, mes de la patria, nadie conseguía soportar su humor avinagrado.
Ya desde la última semana de junio él colocaba en el techo de su casa el pabellón nacional, afectado término que utilizaba para referirse a la bandera. Si algún vecino olvidaba ponerla, él se encargaba de recordarle esa grave distracción y no descansaba hasta que el omiso reaccionara. No solo eso: también obligaba a su esposa e hijo a bordar una escarapela en cada chompa o casaca que llevaran encima, y a cantar a primera hora del día, de memoria, las seis estrofas del himno nacional.
Después, cuando por fin llegaba el fin de semana largo gracias a los feriados de 28 y 29, se paraba en la vereda y desde allí miraba con altanería y desprecio –no descarto que también con soterrada envidia– a las familias que salíamos de viaje. A los que se iban cerca, a alguna provincia, los detestaba menos pues consideraba que finalmente promovían el turismo interno y que esa, después de todo, era una manera distraída de hacer causa común por el país. Por oposición, con los vecinos que se iban a Miami era sumamente severo: les quitaba el habla, los sometía a una estúpida ley del hielo, y dejaba bajo sus puertas papeles con afiebradas proclamas patrióticas escritas en rima que él mismo componía.
Al final de las vacaciones, mientras todos –sentados en el filo del sardinel, o paseando en bicicleta– contábamos nuestras entrañables anécdotas en el campo o la playa, el pobre Alfredito nos narraba la misma monserga de siempre: que había ido con su papá al desfile militar de la avenida Brasil (que para el viejo debía llamarse avenida Perú); que había visitado la Fortaleza del Real Felipe por enésima vez; y que había visto en televisión un documental sobre San Martín y la Independencia, amén de una saga de reportajes en canal 7 sobre la vida de los héroes republicanos.
Así de ciego y radical era el señor Mendoza. Si un día Alfredito colgaba en su cuarto un póster de Zico o Maradona, al día siguiente su papá lo reemplazaba por unas láminas Huascarán con didácticas y coloridas escenas del Combate de Angamos o la Campaña de la Breña. Y si encontraba a Alfredito leyendo –como hacíamos todos– cómics de Archie, Súper Ratón o Fantomas, el viejo le rompía esas revistas y lo obligaba a leer las aventuras de ‘Super Cholo’ que aparecían en El Dominical de El Comercio.
La desgracia de mi amigo llegó a su punto más tenso la primera vez que quisimos salir a pedir Halloween. Tendríamos siete u ocho años. No más. Poco antes del 31 de octubre, las mamás se reunieron para coordinar si compraban o confeccionaban los disfraces que cada niño había pedido. La mamá de Alfredo –que no compartía en absoluto las ideas delirantes de su esposo maniqueo– se entusiasmó cualquier cantidad cuando su hijo le pidió un traje del Capitán América para la noche de brujas. “Mañana mismo vamos adonde la costurera y buscamos la tela”, le prometió la señora.
La pobre mujer jamás hubiera sospechado en ese minuto que el paranoico de su marido se opondría ferozmente a que su hijo se paseara por las calles dando crédito a una fiesta que él prejuiciosamente catalogaba de apócrifa, pagana y extranjera. “Nada de jalouin, mujer. Esa es una cojudez inventada por los gringos”, cuentan que vociferó el papá de Alfredo, que solía gritar bravuconamente como el respetable coronel que nunca fue. Menos mal que en aquella discusión la mamá tuvo el tino de no mencionar lo del traje del Capitán América, porque ahí sí al viejo Mendoza se le infartaba el miocardio o le reventaba el hipotálamo de la pura indignación.
Nosotros, por lo demás, solo queríamos divertirnos, fastidiar, tocar puertas y obtener un cargamento de galletas y caramelos a expensas de los usualmente tacaños adultos del barrio, que esta vez se verían obligados a darnos golosinas si no querían que mancháramos sus fachadas con huevos podridos, o que eternizáramos sobre sus paredes, con tizas y crayolas de diferentes colores, la miseria familiar de cada quien. Los chicos de 17 y 18, por ejemplo, contaban que una vez, cuando eran chibolos, el tío Monteagudo, el de la esquina, se negó a darles Halloween. Ni siquiera les abrió. A la mañana siguiente el avaro encontró en uno de sus muros un inesperado grafiti que ruborizó las mejillas de su mujer y que lo incordió para siempre con la comunidad: “viejo Monteagudo, no solo eres roñoso, también eres cachudo”.
Eso era lo que nosotros también buscábamos: disfrazarnos, salir en patota, pasarla bien. Teníamos ocho años solamente. Lo demás, si el chongo era nacional o internacional, nos interesaba un pepino. Éramos tan unidos que la inesperada noticia de que Alfredito no nos acompañaría la noche de Brujas nos desmoralizó. “Su papá es un terco, no le ha dado permiso”, se nos informó de golpe, sin mayor detalle. Intentamos diferentes argucias, gestiones y rabietas para que el viejo Mendoza declinara, pero no lo conseguimos. Hasta amagamos una extrema huelga de hambre (que no incluyera gelatinas), pero fue inútil.

La noche de Halloween llegó y todos los niños de la cuadra se dieron cita en mi casa, identificada como base de operaciones. Mi sala parecía El Salón de la Justicia, pues estaban todos los protagónicos: Supermán, Acuamán, Batman, Robin, el Hombre Araña y hasta la Mujer Maravilla, encarnada por la preciosa Bárbara Herrera, la niña del chalet de enfrente, que para mí era la mujer maravilla con o sin disfraz. Yo, vestido de Llanero Solitario, desentonaba un poco al lado de tanta celebridad. Felizmente luego llegó un pelotón de ídolos igualmente anónimos –la gitana, la enfermera, el pirata, el payaso– y me sentí menos solo.
La comitiva estaba lista para saltar a la cancha cuando, de repente, sonó el timbre. “Chicos, soy Alfredo. Sí voy a ir, mi papá me dio permiso”, se escuchó del otro lado del intercomunicador. Un chillido de alegría general se esparció bajo el techo. La presencia de Alfredito representaba un triunfo para nosotros: lo habíamos recuperado, habíamos impuesto nuestro derecho al esparcimiento, venciendo de paso al tozudo de su papá. Recuerdo que lo celebramos con saltos, gritos, aplausos, es decir, con la misma desatada euforia con que por esos días los Pitufos celebraban cada resbalón del villano Gargamel.
La puerta se abrió y cuando vimos entrar a Alfredo se nos descolgó la boca, en una inconsciente reacción que combinaba la sorpresa, la intriga y ciertamente la burla involuntaria. Todos esperábamos verlo de azul y rojo, con una estrella en el pecho y un escudo redondo, como el Capitán América. Ese había sido su pedido. Lo que vimos nos dejó helados como adoquines.
El chico se presentó con el pelo revuelto lleno de talco, una abultada barba en punta, hecha con algodón de botiquín y untada con goma David, más unos bigotes largos, como los de Don Vittorio, dibujados con un corcho quemado. Si su maquillaje era una decepción y un desconcierto, qué decir de su indumentaria, compuesta por un enorme saco negro que le bailaba, un saco fúnebre cuyas mangas no dejaban verle las manos; una camisa de paño que apestaba a naftalina; una corbatita de juguete, y unos polvorosos zapatos de charol de tacón cuadrado que había heredado de su abuelo (o de su abuela, nunca me quedó muy claro).
–¿Quién se supone que eres?–preguntó, contrariadísima, al borde del surménage, la Mujer Maravilla, mientras se acomodaba uno de sus brazaletes de cartulina.
–¿Sí, oye, de qué te has disfrazado?–indagaron en coro todos los demás superhéroes, igualmente atónitos
–De, de, de…
–¿De qué, pues? ¡Ya, habla!, porfiamos, impacientes ante el titubeo de Alfredito
–¡De Nicolás de Piérola, ¿ya?!–nos contestó él, con rabia y vergüenza, mientras la barba de utilería comenzaba a despegársele del cachete.
Era el acabose. Su papá le había dado permiso para participar de nuestra comparsa de Halloween, con la ruin condición de que se disfrazase de algún célebre e ilustre patriota. Como a Alfredito no se le ocurría ningún nombre, el señor Mendoza recurrió a una bajeza: cogió el Compendio de Historia del Perú (Editorial Bruño) y le pidió que eligiera una página al azar. Alfredito puso el dedo y ahí apareció el canoso De Piérola, con su fajín presidencial y su mirada achinada, de lado, igualita a la mirada de deprecio del Padre Maritín.
Así, con ese infame truco canalla, el viejo Mendoza inauguró a su hijo en una horrenda tradición que continuaría año tras año, octubre tras octubre. En las sucesivas noches de Brujas, tanto los vecinos como los chiquillos del barrio nos acostumbramos a los disfraces inauditos de Alfredo: José Olaya, Francisco Bolognesi, Miguel Grau, Leoncio Prado, Jorge Chávez. El colmo fue cuando se disfrazó de Alfonso Ugarte y se paseó por toda la manzana montado sobre Goliat, su arrugado bulldog. El pobre perro –con unas crines pintadas y una cola de caballo pegada al rabo con cinta scotch– lloraba de miedo cada vez que Alfredo lo hacía saltar desde el balcón, su improvisado Morro de Arica.
Que hoy Alfredo viva lejos del Perú es más o menos lógico y comprensible. Trabaja en Estados Unidos –más precisamente en Miami– y está casado con una californiana que no habla ni jota de español. Una vez me envió por mail una foto de Zack, su primer hijo, en Halloween. El niño, como no podía ser de otra manera, estaba disfrazado de Capitán América.
La mamá de Alfredo murió hace diez años por una embolia repentina. Su papá, en cambio, todavía vive en la misma casa de siempre, ahí en La Paz, bajo el cuidado de una enfermera que usa escarapela y que es la nueva encargada de izar el pabellón.
A veces, cuando toma vacaciones, Alfredo se compadece y viene a visitarlo. Eso sí, nunca para 28 de julio.
[Ilustraciones: Alfonso Vargas Saitua (el correoso Robotv)]
[Salgo de vacaciones por unos cuantos días. Unos varios. No les digo a dónde para que sea sorpresa. Les dejo esta canción de Go-Go's, confiando en que los encontraré a mi regreso. Por fa, me cuidan los dos programas de radio. Un abrazo a todos, menos a uno]
[Esta es la última columna de El Dardo, colgada en la web de RPP. Una opinión sobre cuál podría ser el planteamiento de algún candidato a la alcaldía de Lima. Uy, me puse serio. Perdón]
[Por último, no dejen de darse una vuelta por el "Lima Foto DSF", organizada por el colectivo Desfranquiciados. Es una exposición-venta de fotografías que reúne a 36 artistas peruanos contemporáneos. La inauguración será el 11 de agosto a las 7.30pm, en el local de Artes Visuales de Corriente Alterna (Aviación 500, Miraflores). La muestra continuará el 12 y 13, de 12m a 8pm. La entrada será totalmente gratuita. Ah, un datazo: ninguna pieza sobrepasa los cien cocos. ¡No dejen de faltar!]


Regresé a Lima hace unos meses, hoy regresé súper cansanda de trabajar leo el periódico on line y veo en la lista de blogs que el busco novia lo escribía otra persona desde Marzo. Como te comenté cuando decidiste seguir con ese blog a pesar de tener ya novia, sin siquiera cambiarle el nombre. Entonces te dije que no lo volvería a leer y cumplí, no volví a leer más ese blog.
Es grata la sorpresa de verle (decir verte es muy confianzudo?) en su propia página, con otros aires y divorciado del diario. Independiente en todo sentido. Muchas felicidades y mis mejores deseos!
(RESPUESTA: Gracias, D. Túteame nomás. Qué bueno que hayas regresado. Me siento más cómodo en esta página. Espero que los lectores también. Saludos. RC)
Habla Renato, que tal,
Sigues paseando en los Angeles?
Si alquilas un carro puedes irte a conocer las Vegas y tambien Hollywood, claro si es q te interesa.
Cuando posteas ??????????
Saludos desde Sydney ,
Armando
Leyendo unos últimos comentarios dices que acá eres más independiente, lógicamente escribes acá lo que quieras. Pero la pregunta es si escribirías lo que nosotros, tus lectores te pidiésemos… Por ejemplo, una crónica de Pisco 3 años después del terremoto.
Recuerdo con mucha nostalgia tu post de hace 3 años en el blog Busco Novia, divorciándote por un instante de la temática del blog. No voy a olvidar que te sentías culpable e indigno, por no haber estado en Pisco en ese mismo instante.
Gran post. Termínalo!
por ahi lei un comentario preguntando si en enseñas en isil! es cierto? seras mi profe! ja!
renato no sabia q escribias un blog en rpp, q bueno!, justo ahora lo estaba leyendo y me parecen interesantes algunas de las ideas q planteas, ademas los comentarios q haces son justos y precisos, ni cortos, ni muy largos, t felicito!
Te felicito x Los Angeles…..es un place muy lindo!!!
Sorry x las noticias en Lima pero asio estamos…..!!!!!
Mucha corrupcion ahorita…..espero que pronto se arregle tanta cochinada.
Kisses,
T escribo desde una cabina por mi casa y la compu esta mas desconfigurada y un tipo ta que se morbosea en mi delante….que asco…pero no tengo internet en la jato.
Why tanto maÑoso en LIMA..
SALUDOS,
renatoooooo disfruta tus vacacionesss pero no te olvides de los lectoressss puess……… bueno que la pases de la PM un abrazo desde truxillo cuidate
Hola Renato!!! que lindo encontrar tu blog ya separado del comercio.. ahora me toca lerr todo lo publicado.. que te vaya bien en tus vacaciones ..Saludos,
[RESPUESTA: gracias lis, es bueno tener cerca]
También estuve de vacaciones, y me desconecté de todo. Cuando vi que no escribías desde hace tiempo pensé en mandarte un “reclamo” pero como ahora se que estás de vacaciones comprendo tu ausencia. Ojálá te relajes y pases unas buenas vacaciones para que vuelvas a escribirnos y hacernos reir… Como me reí leyendo lo de Nicolás de Piérola… que mate de risa… que locura la del tío.
Bueno. Te esperaremos todos con ansias… todos menos uno creo je =)
Renato…
No seas flojito, no nos hagas esperar a tanto cybernauta que espera con ansias tu regreso y tus historias…
Seguiré ingresando hasta que finalmente aparezcas…Te extrañamos!
No dejen de faltar????
no falten de asistir????
no dejen de asistir?????
no asistan ????
no falten ????
o…no vayan???? plop!
jajajajaj ! menuda ultima frase que nos dejaste….
cosas del idioma…
un abrazote ;>
Cisneros! ya toca postear, no?
jajaja que loco!
si pues las fiestas gringas supongo que conforme uno va creciendo dejan de tener la algarabia que tenian para nosotros cuando eramos ninos…en fin, “como duele crecer” en cuanto a 28 de julio, solo te puedo decir que toda mi vida pense que la verdad, era ocioso marchar, para mi ni siquiera era importante. Era helarme en el desfile, en plena tercera semana de julio, en lo mas intenso del frio. Lo curioso, es que alguna vez se me paso por la cabeza ingresar al ejercito…en fin, talvez hice bien en no hacerlo. Alguien me dijo, “demasiado Lady para gendarme” jajajaja.
Un beso
de puta madre el post
espero leer otro igual pronto
saludos
f
jajajaj me he reído tanto con el pobre caballo improvisado, pobre Alfredo!!! cuando los papás tratan de imponer demasiado algo sobre los hijos, el resultado termina siendo opuesto
[RESPUESTA: Un abrazo, Raquel. Gracias por leer. Pronto, nuevo post. RC]
Jajaja!
Hace bastante no leía el post, me quede en lo de San Francisco, pero me hiciste recordar los disfraces que mi mamá improvisaba en Halloween, jajaja la pobre nunca tuvo tiempo y/o presupuesto para hacerme uno espectacular pero todos lograban su propósito obtener dulces dulces y mas dulcessss.
[RESPUESTA: Mi nuevo disfraz favorito es de cambista. Un beso, Mariela. RC]
Quise decir blog en lugar de post, jeje
jajaja que risa este post, me hace acordar tb a un amigo de mi colegio de primaria que siempre sus papis le hacian disfrazar de algun personaje peruano sea literatura o precursor, hasta se ponian felices si su hijo actuaba en una obra teatral peruana en el colegio. Ya entre a un flashback!
Muy bueno…cada vez que checo tu blog hace que me olvide un poco del work o lo que tengo k hacer para alegrarme en estas tardes grises y frias
Saluditos
Mary
[RESPUESTA: Qué bueno saberlo. Pasa la voz sobre Raro. Un beso. RC]
jajaaaa q risa esta nota!! me he carcajeado en el parrafo que dices q a tu amiguito lo disfrazaban cada hallowen d héroe y sobretodo, cuando su perro hizo d caballo, con su cola pegada con cinta scotch jajaa q maleado su viejo!!
[RESPUESTA: Muy maleado. Gracias por leer, Cris. Saludos. RC]
Ayyyy!!! Hasta ahora me esetoy riendo … lo que a veces uno tiene qu soportar de niño …. ya imaginaba que tu amigo ni a balas viviría en Lima, la historia hizo recordar una propia, también el 31/10 de 6 o 7 años, ayyyyy jajajjjaaajajaa saludos
[RESPUESTA: Espero que tu inundación no haya provocado tanta histeria colectiva. Saludos, Vicky. RC]
Hola, lo de la inundación era en otra historia jejejeje pero bueno. Escribe pronto si?? Que tengas buena semana
[RESPUESTA: Idem]
q vacilon ´pobre alfredo todo lo q su viejo le hacia a ser se paso de patriota el tio,pero lo mas chistoso de la historia es cuando se presenta vestido de pierola pucha q rochoso el viejo para vestirlo asi ,stan cheveres las historias, ojala sigas publicando mas esta es la segunda q leo ya q la primera fue la de grandes humillaciones q me encanto me dio mucha risa y desde ay me enganche con las historias saludos RC
puta k kague de risa jajajajajajajajajajajaja asu extrañaba leerte taba xamebadni vengo y ya has publikado mil historias jajajajajaja!!!esa de hallowen me hace akordar a mi papa no es k sea un nacionalista per0 tb decia k era una kosa imperialista weno io no kreia eso solo k me aburria,o weno noc k pero nunka nos yamo la atencion ni a mi ni a mi hermana salir a pedir caramelos…mi mama tenia una tienda asi k pa k mas jajaja ademas opino k nunka me kedo disfrazarme jajajajajaja!! pero0 mi hermano si!!! toos los años al merkado central a kompra el disfraz pal tono del ikpna jajajaja de ai en la noxe pa k salgan a pedir karamelos jajaja de scary movie de esta me akuerdo xk su kara se yenava de sangre aplastando un corazo0n k asko jajaja de noc de ke mas ah salido!! este niño jaja per0 bien kon la historia
[RESPUESTA: Sigue entrando. Gracias. Saludos. RC]
Hola Renato, como siempre un vacilón, cuando apareció Alfredo disfrazado de Nicolás de Piérola, que pasó con la mujer maravilla, saludos.
Sabía que el patrioterismo es una conocida enfermedad peruana pero no pensé que podía llegar a esos extremos. Pobre Alfredo…
Un saludo,
Rafa
http://allavoysinomecaigo.blogspot.com
[RESPUESTA: Saludos, Rafa. Bacán que hayas escrito. RC]
Con un padre asi prefiero ser huerfano ………. No pare de reir con lo de Pierola