Ene
30
2013

La tortuga tecnológica

compu

Me declaro un ciudadano 1.0. Es decir, un usuario muy básico, diría elemental, gravemente desavisado en lo que se refiere al entendimiento de un software y el manejo de un gadget. (De hecho, “software” y “gadget” son términos que uso aquí únicamente para disimular mi impericia).

Es cierto que administro un blog; que tonteo en Facebook; que reviso Twitter; y que me sorprendo con las aplicaciones de mi Smartphone, cuyo coeficiente intelectual me hace sentir en diaria desventaja. Pero eso es todo. A eso se reduce mi experiencia cotidiana con la tecnología, la misma que podría despertar la lástima de los nativos digitales, que están habituados desde el día de su nacimiento a las pantallas, los clicks, las multifunciones.

Por eso me llamó profundamente la atención que los gentiles amigos de Microsoft me escribieran hace unas semanas para pedirme testear su último producto, el Office 365, lanzado el martes pasado. Pensé que se trataba de un error, un caso de homonimia, una broma telefónica. Sobre todo si advertimos que en el ámbito periodístico—divulgativo local hay por lo menos una veintena de cotizados profesionales con más olfato, destreza y credibilidad para ponderar las virtudes de estos nuevos recursos, soportes y programas. Además, hallé una notoria contradicción: el Office 365 Home Premium se supone que está dirigido a la familia, y yo vivo completamente solo. El único ser vivo con el que comparto casa es con Haruki, mi bonsái, que hasta ahora no ha manifestado deseos de logearse, ni de que le habilite un password o una cuenta propia.

Encontré, entonces, que era un acto de justicia advertirles a estos señores cordiales y confundidos que habían contactado a la persona equivocada, y me apresuré a darles consejo respecto de posibles aliados para su campaña de lanzamiento. Luego me explicaron que no, que lo que buscaban era justamente vivencias “de personas de a pie”, expresión que me pareció un bonito eufemismo para referirse a los incompetentes virtuales.

Y es que en estas materias, en estas honduras digitales, soy un incompetente, una persona de a pie.

Soy de la generación para la que “almacenar archivos” significaba llevar montones de separatas en un folder o en un trapper keeper. Soy de la generación para la que “compartir música” era prestarse casetes Maxwell de cromo grabados directamente de la radio (con la cautela de que no se filtrara la mención que el locutor hacía de la hora y la estación). En esa época sacar una Enciclopedia desde lo alto de una biblioteca era lo más parecido a “bajar información”. Mi primera red social fue el SLAM, ese cuaderno lleno de preguntas invasivas e indiscretas que circulaba con singular éxito por el salón del colegio. Y mi primera idea del chat grupal surgió con el Cruce Telefónico: ese raro espacio que, producto de la congestión de varias líneas telefónicas, permitía una confluencia de voces anónimas que interactuaban tratando de relacionarse (con los más diversos propósitos, desde los más ingenuos hasta los más lujuriosos).

Soy de la generación que pasó de la hoja en blanco incrustada en el rodillo de la máquina de escribir a la pantalla azul cobalto con letras amarillas del Word Perfect. La generación que alguna vez creyó que sería productivo matricularse en SISE para estudiar DOS. La generación para la que el cable de TV fue la manifestación milagrosa de la globalización imposible. La generación para la cual la frase “crear una carpeta” era solo aceptada como terminología carpintera. La generación cuya primera computadora ocupaba en la casa la misma cantidad de metros cuadrados que hoy ocupa la lavadora.

Con esos antecedentes ha sido imposible no sentir el impacto favorable de las herramientas del Office 365, que está pensando para que hasta el más inútil se sienta cómodo y atendido. Si me piden destacar una de sus novedades me quedo con el Sky Drive, esta nube que almacena tus archivos para poder trabajarlos desde cualquier plataforma, y que ha condenado al famosito USB a convertirse en un pobre llavero o mejor, un obsoleto y gracioso suvenir de los ya prehistóricos inicios del Siglo 21.

Para darles un ejemplo, el viernes pasado empecé un relato en mi Mac; lo grabé en Sky Drive y continué escribiéndolo al día siguiente en una PC del trabajo durante los espacios muertos de la chamba; lo pulí más tarde en mi Tablet mientras esperaba que el médico me atendiera; y seguí revisándolo al final del día en mi celular desde el asiento trasero de un taxi. Entonces me di cuenta de que no era yo quien se había habituado al Office, sino que era el Office el que se había acostumbrado a mí, a mi rutina, a mis horarios, a mi trajín, a mi dispersión. Eso ocurre con las tecnologías actuales: no somos nosotros quienes las manipulamos, son ellas las que nos manejan y nos hacen creer que las manipulamos.

Que una tortuga tecnológica como yo haya logrado trabajar y editar el mismo texto desde hasta cuatro pantallas distintas, habla bien, no de mí, sino de Office, y de su nueva nube que además de útil es tremendamente amistosa y que, a diferencia de la nube del vals, no se va para que cambie tu destino; esta nube más bien te persigue para mejorártelo.


[Gracias a la gente de Microsoft por invitarme a participar de su fiesta de lanzamiento del nuevo Office. Aquí una foto en pleno testimonio. Sí o no que parezco el Steve Jobs del Óvalo Huarochirí]

testimdigi


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61 comentarios

  • Insuperable!!!!! jajaja totalmente identificado con “tu generación” pero me permito retroceder un poco en el tiempo específicamente en el famoso “slam” como muy bien defines era el “facebook” de la época, imborrables recuerdos…bien ahí RC, gracias por ser esa ventana al pasado…

    GATO MITCHEL
  • JIJIJIJI¡¡¡¡¡¡ comparto totalmente lo que describes, soy de tu generación… te faltó mencionar los discos de 5 1/4 de alta densidad que fueron los primeros, luego siguieron los diskets

    yessica
  • Aunque no soy de tu generaciòn, me siento muy identificada con lo que te sucede.

    Laura Huashuayo A.
  • Escribes chevere RC pero este post mas parece un publireportaje……U_U

    Pablo
  • muy divertido tu relato, me encantaron tus ocurrencias para narrar el tema y estás guapísimo en la foto.

    Bibiana
  • que tal relato, me siento completamente identificada…
    un super abrazo y felicitaciones por tu nuevo programa.
    besos…

    Jackeline Muñoz A
  • Yo hubiese preferido que lo presentase Maju Mantilla o Melissa Loza. Allí si lo compraba sin ir a wilson, pero bueno, Cisneros , eres sensato en decir que, pese a tu discreto papel en Rpp , alguien áun confía en tí.
    Provecho con los chivilines que recibiste ahora en el papel que alguna vez hicieron Brunito Pinasco Y Gianmarco en el rubro teléfono.

    Ravindranath Sovero Soto
  • Hola Renato! regresando por aqui a comentar.. buena tu historia… es increíble como pasa el tiempo, me acuerdo cuando comencé a seguirte desde el blog de El Comercio (busco novia) y hasta ahora como has cambiado de actividades.. si que te vá bien.. verte en RPP, ya como conductor en TV… es bravazo. Que sigan los éxitos my friend

    Un abrazo
    Luis

    Luis Gonzales
  • jajajajajaja lo maximo Sí o no que parezco el Steve Jobs del Óvalo Huarochirí] siempre q entro me sacas una sonrisa…recontra identificada con la epoca jejejejejeje tas cuero en tu programa de RPP a las nueve ;)

    [RESPUESTA: Gracias x verlo. Saludos, Morocha. RC]

    morocha
  • Definitivamente somos generación mi querido Renato!! me identifiqué mucho con tu relato…ah y te ves regio en la foto.

    Fanny Eusebio
  • ¡más falso que billete de 15 soles! XD

    Gabriela

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